“Si realmente dominas un tema, puedes explicarlo de forma tan sencilla que hasta tu abuela lo entendería.”
Albert Einstein
Nuestra biología es un sistema profundamente complejo. Tan complejo que hemos pasado años estudiándolo y, aun así, seguimos descubriendo cosas nuevas.
Pero lo complejo no debe limitarnos a entender algo tan relevante como la prevención de infartos.
Para comprender el proceso de la aterosclerosis (formación de placas que pueden llevar a infartos), debemos imaginar que la sangre es como el agua que fluye por las tuberías de una casa.
Tus arterias son esas tuberías y, mientras el agua corre limpia y las paredes están lisas, sin alterar ese flujo, todo funciona perfecto.
Pero en la vida hay momentos en que algo cambia.
Cuando las paredes se vuelven “pegajosas”
En condiciones normales, la sangre circula sin problemas por estos tubos que son nuestras arterias. Pero ciertos factores como inflamación crónica, presión alta, tabaquismo, diabetes, estrés persistente o colesterol elevado hacen que las paredes internas de las arterias se vuelvan más vulnerables.
Es como si la tubería comenzara a volverse ligeramente pegajosa, y ahí es cuando aparece el “sarro”.
En esta analogía, ese sarro representa al colesterol “malo”, también conocido como LDL.
El LDL no es malo por sí mismo. Es una partícula que transporta colesterol, una sustancia necesaria para vivir. El problema aparece cuando hay demasiado LDL circulando y, a su vez, encuentra paredes inflamadas donde puede adherirse fácilmente (como el sarro en una tubería).
Con el tiempo, ese depósito crece y eso es lo que conocemos como aterosclerosis: una barrera que interrumpe cada vez más el flujo de sangre por las arterias.
Este proceso es silencioso. Puede avanzar durante años sin síntomas, hasta que un día ese “sarro” tapa completamente el flujo y se manifiesta como un infarto al corazón o un evento cerebral.
Afortunadamente hay medicamentos que podrían ayudar a que esto no pase tan fácilmente, las estatinas.
Cuando el problema está en los genes
Muchos de mis pacientes llegan a consulta preocupados o frustrados porque se enteraron de que tienen el colesterol alto a pesar de que hacen todo por llevar un estilo de vida saludable. Es importante saber que no todos desarrollamos colesterol alto por malos hábitos.
Algunas personas lo heredan.
Existe una condición llamada hipercolesterolemia familiar, donde los genes que regulan el colesterol simplemente no funcionan bien. Estas personas nacen con LDL elevado desde jóvenes, aun comiendo “bien”.
Es importante saber que en estos casos no es flojera ni falta de disciplina. Simplemente es biología.
En términos simples: algunas personas nacen con más “sarro” circulando desde el inicio.
Entonces… ¿qué hacen realmente las estatinas?
Las estatinas son medicamentos que nos ayudan muchísimo en la prevención de infartos y trabajan de dos maneras principales:
1. Disminuyen la producción de colesterol LDL en el hígado
Tu hígado fabrica colesterol. Las estatinas reducen esa producción, y así menos LDL en sangre significa menos material disponible para formar placas que tapen nuestras arterias.
2. Reducen la inflamación arterial
Además, ayudan a que las paredes de las arterias estén menos “pegajosas”, por lo que es más difícil formar barreras.
¿Las estatinas causan muchos efectos secundarios?
Esta es la parte más importante. Como cualquier medicamento, debemos dar seguimiento para descartar efectos adversos. Aunque estos son raros y en consulta los vemos muy poco, existen muchos estudios al respecto y todos concluyen que el riesgo absoluto es menor al 0.2% anual (es decir, muy bajo).
Aun así, ¿de qué debemos estar atentos?
- Elevación leve de enzimas hepáticas, que puede reflejar alteraciones discretas en las pruebas del hígado.
- Cambios urinarios menores; puede aparecer una pequeña cantidad de proteínas en la orina.
- Edema: en algunas personas podría presentarse ligera hinchazón en pies o manos.
También se mencionan otros efectos adversos que generan miedo en quienes se beneficiarían del uso de estatinas, como:
- Pérdida de memoria
- Alzheimer o demencia
- Depresión o ansiedad
- Trastornos del sueño
- Neuropatía
- Daño renal
- Disfunción sexual
Es importante saber que estos síntomas NO se han relacionado directamente con el uso de estos medicamentos.
El problema real no son las estatinas. Es el miedo.
Reportes alarmistas han llevado a cientos de miles de personas a suspender estatinas innecesariamente. Esto eleva su riesgo de infarto y ha podido causar miles de eventos cardiovasculares evitables.
Como siempre, con los medicamentos: lo menos es mejor
No todos debemos tomar estatinas.
Pero tampoco es sensato ignorar un colesterol elevado, especialmente si hay antecedentes familiares, diabetes, hipertensión o evidencia de placas.
Tanto desde la Medicina Interna (la que trata enfermedades) como desde la Medicina Integrativa (la que busca prevenirlas), el objetivo no es indicar medicamentos de forma indiscriminada. Lo más importante aquí es que, en conjunto con tu médico de cabecera, revises y evalúes los diferentes factores de riesgo que pueden hacer que las “tuberías” de tu cuerpo se llenen de sarro: resistencia a la insulina, estrés u otras enfermedades metabólicas que nos llevan a inflamación crónica.
Recuerda
El colesterol alto no siempre se siente.
No duele.
No avisa.
Pero puede acumularse lentamente.
Las estatinas NO reemplazan el estilo de vida, se toman en conjunto.
La base siempre será:
- Alimentación consciente
- Movimiento
- Control metabólico rutinario con un médico
- Manejo del estrés
La información es poder. Conocer más y razonar el porqué de cada enfermedad te ayudará a dominarla.
Ahora que entiendes tu cuerpo, tomarás decisiones con menos miedo y más claridad.
Déjame tus opiniones y cuéntame sobre qué otros padecimientos te gustaría saber más.